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martes, junio 4, 2024

Por los domingos que viví – Nicolet Di Verde

Hace unos años recuerdo que los domingos estaban impregnados de parrilla, familia, árboles y muchas risas, de hecho, recuerdo cómo por muchos años, mis domingos fueron destinados únicamente a los lazos sanguíneos que acompañan mi origen. Para mi sorpresa, en este descubrir perenne que atañe al ejercicio de vivir, los domingos son signo de encuentro, solo que, a lo largo de los años, lo que encuentro en ellos no solo es relativo a la consanguineidad, sino que también son relativos a esos lazos que he hecho por elección con el otro y conmigo misma.

 

Por ejemplo, recuerdo cómo por varios años mis domingos eran dedicados al servicio, a la vocación de enseñar los principios de la fe con la que me identifico y allí, poco a poco, me di cuenta de que nuestro origen, si bien es el espacio que nos vio nacer, el origen también tiene un correlato transicional: soy lo que soy gracias a que tuve un espacio para ser vida, pero tengo la capacidad de ser vida en donde lo elija, es decir, no estaría donde estoy sin el principio de mi historia, pero gracias a él, puedo moverme a través de los desenlaces de mi porvenir.

 

¿A qué viene esto? Hoy por hoy, veo hacia atrás y sin eso que aprendí en tantos domingos de parrilla y familia, creo que no pudiese disfrutar el matiz de sabores, olores, sensaciones y sentimientos que ahora rodean mis domingos… Mis domingos siguen teniendo espacio para parrillas, solo que ahora no solo las hago con mis lazos consanguíneos, sino también con los lazos que he elegido que me acompañen; mis domingos siguen teniendo un espacio de servicio, a veces orientado a la fe, y a veces orientado al gusto que me da estar y acompañar al otro (ya sea en terapia o en la vida)… Mis domingos a veces no tienen sonidos estruendosos ni risas por doquier, a veces solo son silencio, caminata y reflexión, pero qué poderoso ha sido reconocerme en lo que no tiene forma, en lo que solo yo puedo darle sentido.

 

Por eso, creo en el origen y también en la transición. Por eso, me reconozco en la disposición que he tenido en el tiempo a encontrar… Sí, a encontrar; a encontrar donde pertenezco, a cuestionarme desde donde conecto con el otro y especialmente, desde donde estoy conectando conmigo. Por eso, hablo de domingos, de los domingos que muchas veces nos transportan a la nostalgia, porque esos domingos que llenaron nuestros recuerdos de colores, son los mismos domingos que nos han permitido usar esos colores cuando y donde lo queramos.

 

Quizás ahora ya no me acompaña el maestro parrillero insigne de mi familia, pero gracias a eso, puedo recordar siempre que una parrilla es más sabrosa cuando la compartes con aquellos que amas. Quizás ahora ya no tengo el espacio de servicio a mi fe de manera formal y programada, pero tengo los recursos para conectar desde la intangibilidad con lo intrínseco de mi creencia. Quizás tenga muchos domingos por delante estando sola, pero serán espacios que me ayudarán a ver en qué estoy, qué siento y a veces el silencio será el acompañamiento indicado, para encontrar claridad después de mucho ruido.

Así que gracias a que los domingos que tuve me reafirmaron el valor del encuentro, hoy puedo ver que no hay solo una forma de encontrarse en ellos, incluso en la adultez, cuando ya no existen los mismos olores, sensaciones ni la compañía, puedo volver a ellos a través de los recuerdos que tengo y ¿Por qué no? Ahora, también puedo vivir para crear nuevos momentos y nuevos recuerdos.

 

A pura letra, Nicolet Di Verde.

Instagram: @psic.nicoletdiverde / Gmail: [email protected]

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