La petrolera North American Blue Energy Partners (NABEP), respaldada por el gobierno de Donald Trump, ha cerrado la adquisición de más de 50 taladros de perforación, una maniobra que fuentes internas califican como “la mayor compra unitaria de ese tipo en la historia de Estados Unidos”.
El movimiento llega en un momento en el que el número de taladros activos en el país tocaba mínimos históricos. Con esta operación, una única compañía pasa a controlar una capacidad mecánica instalada que supera la actividad conjunta de cuencas enteras, lo que supone un giro inmediato en el ritmo de extracción.
Las fuentes consultadas subrayan que no se trata de una compra aislada: “La transacción está respaldada por la arquitectura energética y estratégica de Washington, con el objetivo de asegurar el suministro de crudo pesado a las refinerías del sur de Estados Unidos”.
Con 50 taladros ya bajo su control, NABEP convierte en realidad operativa inmediata lo que hasta ahora eran metas proyectadas para 2027.
Una apuesta por duplicar la producción
La compra se enmarca en el plan de la compañía para más que duplicar la producción de crudo en Venezuela en los próximos dos años. El objetivo es pasar de unos 200.000 barriles diarios actuales a cerca de 500.000 barriles diarios en 2028.
Según fuentes cercanas a la operación, los equipos se destinarán a rehabilitar y poner en marcha nuevos pozos en los 17 campos que la compañía tiene en concesión.
El sector mira al alza
Las proyecciones del sector apuntan a que la producción venezolana podría alcanzar los 1,5 millones de barriles diarios el año que viene y los dos millones en 2030. A ese impulso se sumarían también los incrementos previstos por Chevron, la italiana Eni y otras compañías que operan fuera de los 17 campos atribuidos a NABEP.
Con esta adquisición, NABEP pretende afianzarse como uno de los principales operadores privados en Venezuela y demostrar con hechos que el acuerdo con Estados Unidos se traducirá en inversiones tangibles sobre el terreno.
Un acuerdo de fondo
La operación se produce apenas unas semanas después de que, a finales de agosto, el gobierno estadounidense y las autoridades venezolanas firmaran lo que Washington describió como “el mayor acuerdo petrolero de la historia”.









