Mueren 500 ballenas piloto luego de quedar varadas en islas remotas de Nueva Zelanda

Una gran cantidad de ballenas piloto fallecieron luego de quedar varadas cerca de las aguas infestadas de tiburones de una cadena de islas remotas en el Pacífico sur, informaron equipos de rescate y conservacionistas.

El Departamento de Conservación de Nueva Zelanda  comento que casi 500 ballenas fueron arrastradas a las islas  Chatham, a 840 kilómetros al este de la isla Sur principal, en dos eventos distintos en que quedaron varadas y que los residentes informaron durante el fin de semana.

Dave Lundquist, asesor técnico marino del Departamento, dijo que no se intentó reflotar a los animales varados en el área por el riesgo de ataques de tiburones tanto a las personas como a las ballenas. Las sobrevivientes fueron sacrificadas para evitarles un mayor sufrimiento, dijo.

“Esta decisión nunca se toma a la ligera, pero en casos como este es la opción más amable”, explico Lundquist.

Daren Grover, gerente general de la organización de rescate Project Jonah, explicó que la mayoría de las ballenas piloto ya estaban muertas cuando llegaron a tierra. Y añadió que las sobrevivientes tenían mala salud.

“Tener una cantidad tan alta de ballenas en un solo lugar es inusual, pero ciertamente no es insólito”, indicó.

Además del riesgo que representan los tiburones, era “casi imposible” que los equipos de rescate viajaran a las islas Chatham con tan poca antelación, dijo. Lo que agravaba la dificultad de salvar a las ballenas.

Es usual que las ballenas piloto queden varadas, pero el comportamiento aún no se comprende del todo, según el Departamento de Conservación. La mayoría de los científicos cree que las ballenas individuales quedan varadas porque están enfermas y están llegando al final de su vida natural.

Las islas Chatham, que albergan a unas 600 personas, se encuentran entre los tres principales “puntos críticos de varamiento” en Nueva Zelanda. En 1918, el archipiélago vio la mayor cantidad de ballenas varadas en el país con unos 1.000 ejemplares, según el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda.