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martes, mayo 14, 2024

¿Me lo merezco? – Nicolet Di Verde

Lo que nadie me dijo de tener unos estándares de vida elevados, a nivel personal, laboral, familiar y vincular, es que, en algún punto, hacer cosas por sostener estos estándares y obtenerlos, me iba a hacer cuestionarme si era merecedora de tener buenas calificaciones, grandes amigos, proyectos que me quitan el aliento y una familia, que, aunque no es ideal en el sentido absoluto, sí es la familia ideal para mí, la que nunca niega un plato de comida, un abrazo o brindar apoyo a quien lo necesita.

 

Si bien paso buena parte de mi tiempo trabajando profesional y vincularmente por tener la vida que anhelo, cuando el cariño es recíproco, cuando mis proyectos reciben buenas retroalimentaciones o cuando los resultados de cualquier actividad son lo que esperaba, me cuestiono si todo lo que hice previamente, fue suficiente para llegar allí y poder saborear esos esbozos de victoria que me da la vida.

 

Incluso, me ha llegado a pasar que hago todo lo que corresponde a mis responsabilidades y mis compromisos personales, teniendo la chance de descansar posteriormente porque mi energía (profesional o personal) está agotada, y, aun así, hay veces que no es justificable para mi organismo poder descansar.

 

¿A dónde voy con esto? He llegado a considerar que la interrogante que se formula alrededor de ser merecedora de las cosas, quizás nunca me la responda con factos, mediciones y relaciones de causa-efecto, porque las oportunidades, amigos, amores, espacios, entre otros, no son cuantificables en términos de merecimiento o propiedad, por el contrario, a veces el trabajo que sueñas o tu amistad más entrañable, llega a tu vida sin planificación, sin revisión de valores que justifiquen que tu nivel de merecimiento es apto; lo que llega, llega para ser recibido o desechado y con base a esto, damos apertura a la experiencia que implica.

 

Yo no sé si somos merecedores de lo que nos ocurre, de la forma que amamos, de los sueños que tenemos, de la familia que nos da sostén o de lo que nos da impulso cada vez que lo necesitamos, pero lo que sí sé es que las miradas compasivas, esas mismas con las que vemos a quienes amamos o acompañamos, esas mismas que nos permiten estar cuando la vida del compañero del trabajo se encuentra pesada o cuando la mascota del vecino, no la está pasando bien, son las que deberíamos adoptar con nosotros mismos.

 

Sí, para mí de eso se trata, de miradas compasivas que no propaguen el “¿Por qué ocurre esto?”, sino el “¿Para qué lo quiero hacer?”, y el “¿Cómo puedo hacerlo realidad?”, ya que, así como el amor, que surge orgánicamente y no puede ser controlado o anulado, la vida pasa y a veces, la espiral sin fin del “¿Por qué?”, puede evitar que volemos a través del propósito que llega con las experiencias que tocan nuestro avión.

 

Así que si estás leyendo esto y crees que no mereces la vida que estás viviendo, estoy aquí para decirte que sí mereces que tu mascota se emocione después de llegar del trabajo, mereces emocionarte por el mensaje de buenas noches de la persona que te quita el sueño, mereces el trabajo de tus sueños que llegó en el momento preciso (aunque no lo veas así aún) y especialmente, mereces el amor que te rodea en todas sus formas.

 

A pura letra, Nicolet Di Verde.

Instagram: @psic.nicoletdiverde / Gmail: [email protected]

 

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